28 septiembre 2014

DIEGO A. MANRIQUE "TRASNOCHANDO EN LA TRASTIENDA".

PRESENTACIÓN DE DIEGO A. MANRIQUE EN LA CHARLA-CONFERENCIA CELEBRADA DURANTE LA XXII EDICIÓN DEL FESTIVAL “TENDENCIAS” DE SALOBREÑA, EL 6 DE AGOSTO DE 2.013.




Diego A. Manrique ha visto desde su profesión de crítico y periodista musical, iniciada hacia la mitad de los años setenta, pasar la historia de este país ante sus ojos en clave musical y social. Un auténtico testigo de excepción en años tan cruciales y llenos de altibajos, epifanías y miserias.

Estamos, como digo, ante un observador privilegiado de desencuentros y choques culturales,  de cambios vertiginosos, de sublimes momentos de creatividad y energía, de la forma en que la juventud abrazó la libertad, de la influencia y el poder galvanizador de la música sobre aquélla, y, cómo no, de ingenuidades, vacíos, resacas y frustraciones.

Si su pluma es referencia para tantos compañeros de profesión y lectores. El hecho de que haya trabajado tantos años en medios como radio y televisión le convierten en un gran divulgador y comunicador, siempre preocupado por que la idea que se empeña en transmitir llegue con claridad a su destino.

Diego Manrique ha madurado indagando en las interrelaciones del rock con el mundo real, con la economía y con la situación sociopolítica. Ese crisol humeante es interpretado por el autor que nos ocupa como caldo de cultivo y motivación de buena parte de la producción musical, desde la más auténtica a la más impostada. A través de su trabajo, de su cualidad de observador implacable, es fácil asomarse al mundo, a sus contradicciones, a su luminosidad y zonas oscuras.



Nada acomodaticio ni dado a dejarse llevar por la gran ola de la actualidad, a la que siempre puso diques y miró con desconfianza,  ha tomado la costumbre (y encontrado cierta delectación) de nadar contracorriente. Sensible, aunque poco amigo de los paños calientes y las adhesiones inmediatas, recela de las primeras versiones, de las escuchas apresuradas; le gusta rebuscar, no solo discos en las estanterías de tiendas de medio mundo, sino en los asuntos de los que escribe, tomándolos individualmente, trasnochando en la trastienda, más allá de las evidencias.

Desprejuiciado, libre, ecléctico por principio, saca jugo de los estilos en vez de denostarlos, articula su conocimiento abriendo puertas, estableciendo puentes y relaciones; aplaudiendo la contaminación entre distintas sonoridades, sin perder un ápice de exigencia.

Esa misma cualidad de curiosidad y exploración permanentes hacen que su trabajo, su opinión, tiendan a lo positivo. No pastorea un grupo cerrado de estéticas adecuadas con mirada limitada a lo comparativo; antes al contrario, su constante actitud incisiva y abierta no hace más que iluminar pliegues y rincones olvidados.

Disfruta por ello de una visión privilegiada, global, de una perspectiva envidiable que no cesa de nutrirse. Por eso quizá, la opinión de Manrique sobre cualquier artista o sonido siempre tiene un matiz distinto. Habiendo iniciado el interés por muchos estilos musicales en España, cuando los demás querían llegar, él ya había estado allí. En ocasiones resultaba incluso aguafiestas; porque uno se sentía contrariado, sobre todo en la primera juventud, ante sus aseveraciones, tajantes e ilustradas, tan lejos de concordar con aquellos lugares comunes con tanta autocomplacencia practicados.

Muy crítico con determinadas actitudes de su profesión, gusta de atemperar los entusiasmos incontrolados de cierta modernidad siempre cambiante y llevadiza, que va y viene mientras él permanece, tranquilo e indómito. Siempre preparado para relativizar y ajustar el valor y la importancia de las cosas; sopesar las modas hasta conocer su verdadero calibre.

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